¿Alguna vez te has encontrado pensando y diciendo algo parecido a esto?
«Tenemos que comunicarnos mejor»
«Sé que debería poner límites»
«Tengo que dejar de reaccionar así»
«Esto no nos hace bien»
Sin embargo, pasa el tiempo y parece que nada cambia. Sigue siendo esa “tarea pendiente” o esa conversación que se repite una y otra vez con tu pareja y que genera cada vez más frustración.
«No entiendo por qué sigo haciendo lo mismo»
«Llevamos meses hablando de esto y nada cambia»
Si alguna vez te has preguntado «por qué me cuesta cambiar», aunque tengas claro lo que necesitas hacer, este artículo puede ayudarte a comprender qué ocurre realmente durante un proceso de cambio y por qué no siempre es tan sencillo dar el paso.
Darse cuenta de algo y cambiarlo son dos cosas muy diferentes. Y, aunque desde fuera pueda parecer falta de ganas o de voluntad, la realidad es que el cambio suele ser bastante más complejo.
Este es un tema que trabajamos muchísimo tanto en terapia individual como en terapia de pareja. Y, si te reconoces en alguna de estas situaciones, hay algo importante con lo que me gustaría que te quedases: el cambio rara vez es inmediato ni lineal. Desde la psicología sabemos que cambiar es un proceso que pasa por diferentes etapas y que cada persona avanza por ellas a su propio ritmo.
Además, desde la terapia sistémica y la transformación personal entendemos que cambiar va mucho más allá de modificar un comportamiento puntual.
Muchas veces ese cambio implica revisar patrones que llevamos años repitiendo. Si quieres profundizar en ello, puede interesarte nuestro artículo sobre cómo cambiar los patrones del pasado. También implica revisar dinámicas, cuestionar aprendizajes, romper roles y patrones familiares que llevamos años repitiendo y aprender nuevas formas de relacionarnos.
Por eso, hoy quiero hablarte de las fases del cambio, de lo que ocurre cuando nos quedamos demasiado tiempo pensando en cambiar sin llegar a dar el paso y de cómo todo esto también puede ayudarnos a entender mejor algunos de los conflictos que surgen en la pareja.
¿Te interesa?, vamos a ello 🙂
Índice
Toggle¿Qué fases tiene un cambio importante?
¿Te suena esa persona que…
… quiere cambiar algo pero no hace nada?
… va más lenta de lo que dice que quiere ir?
… después de intentarlo vuelve al punto de partida?
Según el modelo de Prochaska y DiClemente, el cambio es un proceso que atraviesa diferentes etapas y todas tienen una función. Conocer las fases del cambio personal puede ayudarte a entender por qué unas veces somos capaces de reconocer el problema y conseguir avanzar, mientras que otras nos bloqueamos o sentimos que estamos dando vueltas sobre el mismo tema una y otra vez.
Para que sea más fácil entender cada fase, voy a utilizar diferentes ejemplos trabajados en sesión tanto en procesos de terapia individual como de pareja. Por supuesto, para mantener la confidencialidad, los detalles concretos están modificados, pero las situaciones y los aprendizajes son reales.
Precontemplación
Es el momento en el que todavía no ves la necesidad de cambiar o quizá alguien de tu alrededor sí la ve, pero tú no.
«Mi pareja dice que tengo un problema para comunicarme, pero yo creo que exagera.»
A nivel de pareja, esta suele ser una fase que genera bastante tensión, ya que una persona está preocupada por la situación, mientras que la otra todavía no considera que haya nada que revisar.
Contemplación
Es el momento en el que empiezas a darte cuenta de que algo no funciona. Reconoces el problema y empiezas a plantearte si hay algo que debería cambiar, pero todavía no has dado el paso.
«Quizá tenga razón. Siempre discutimos por lo mismo y sé que debería hacer algo diferente, pero no sé por dónde empezar.»
Permanecer en la fase de contemplación es algo bastante habitual y suele ser una de las fases que más frustración genera tanto a nivel individual como en pareja, porque sabemos que algo no funciona, hablamos sobre ello constantemente e incluso deseamos que cambie, pero seguimos sin movernos.
Preparación
Es el momento en el que ya has tomado la decisión de querer cambiar, empiezas a plantearte cómo hacerlo y te dispones a dar el paso.
«Creo que necesito hacer algo diferente. Quizá debería pedir ayuda, informarme sobre este tema o dejar de esperar a que sea mi pareja quien tome siempre la iniciativa.»
Todavía no ha ocurrido el cambio pero empiezas a moverte, a plantearte algo diferente y a buscar la forma de hacerlo realidad.
Acción
En esta fase es donde aparece el cambio visible. Es el momento en el que dejas de pensarlo y empiezas a hacer algo diferente.
«Estoy intentando escuchar más y responder de otra manera. Incluso estoy diciendo cosas que normalmente me hubiese callado.»
Esta fase suele ser difícil de gestionar pues despierta emociones que, a priori, pueden parecer contradictorias. Por un lado aparece la motivación y el orgullo de estar cambiando las cosas, pero también puede surgir una sensación extraña relacionada con salir de lo conocido o de cómo siempre hemos funcionado.
Aquí hay algo que repito mucho en sesión: que, tras hacer algo diferente, aparezca una sensación desagradable o incómoda muchas veces no significa que estés haciendo algo mal. Simplemente significa que estás haciendo algo distinto a lo que estabas acostumbrado/a.
Y, aunque resulte incómodo, es en este momento cuando empiezan a aparecer cambios reales tanto a nivel individual como en la relación.
Mantenimiento
En esta fase sigues firme en tu plan y el cambio empieza a formar parte de tu día a día. Y ¡ojo!, no significa que ya no cueste, significa que sigues eligiéndolo una y otra vez.
«Todavía hay días en los que me sale reaccionar como antes, pero ahora soy capaz de pararme y hacerlo diferente. También veo que eso nos ayuda y somos capaces de resolver mejor algunos conflictos.»
Y, poco a poco, aquello que al principio costaba y requería mucho esfuerzo, empieza a convertirse en una forma habitual de relacionarte, teniendo también un impacto muy positivo en la dinámica de la pareja.
Recaída
Sí, esta fase también forma parte del cambio. Hay momentos en los que, tras avanzar, parece que vuelves a lo de antes. Y esto no es porque todo el trabajo anterior haya desaparecido, sino porque sigues aprendiendo. El cambio también implica equivocarse, reajustar, darte permiso para no hacerlo perfecto y volver a intentarlo.
«Pensaba que esto ya lo tenía superado y, sin embargo, he vuelto a reaccionar exactamente igual.»
Recuerda esto: la recaída no significa que hayas fracasado. Significa que sigues en el proceso.
Puede que, mientras ibas repasando estas fases, te hayas dado cuenta de algo importante: muchas veces nos frustramos porque queremos estar en una etapa distinta a la que realmente nos encontramos. Por ejemplo, puede que quieras estar ya actuando cuando, en realidad, todavía necesitas entender cómo poder hacerlo.
Y, cuando trasladamos esto a la relación de pareja, aparece una pregunta muy común:
¿Qué pasa cuando una persona quiere cambiar y la otra no en la pareja?
Esta es una situación que nos encontramos mucho en terapia de pareja. Sobre todo, cuando una persona siente que está haciendo todo lo posible por cambiar, mientras que la otra parece seguir estancada en el mismo sitio.
Una persona identifica el problema y la otra no lo ve.
Una quiere empezar terapia y la otra no lo considera necesario.
Una ya está haciendo cambios y la otra todavía se está planteando si realmente hay algo que cambiar.
Y esto suele generar bastante frustración y conflicto. En muchas ocasiones esta frustración también está relacionada con las expectativas que ponemos sobre la relación. Hablamos de ello en nuestro artículo sobre la trampa de la relación perfecta.
Porque quien ya está preparado/a para actuar puede sentir que la otra persona no se implica lo suficiente, mientras que quien todavía no está ahí puede sentirse presionado/a, incomprendido/a o incluso juzgado/a.
Sin embargo, aquí aparece una idea que suele aliviar mucho cuando lo trabajamos en sesión: no siempre se trata de que una persona esté más implicada que otra. Puede que, simplemente, se encuentren en momentos distintos del proceso de cambio.
Entender esto ayuda a dejar de interpretar determinadas conductas como una falta de interés y a poner el foco en otras preguntas:
¿En qué fase estoy yo y qué necesito? ¿Y en cuál está la otra persona y qué necesita?
¿Cómo saber si estoy preparado para un cambio personal?
Pensamos que el cambio llega cuando nos sentimos listos/as para dar el paso y esperamos a tener la certeza o la motivación suficiente para hacerlo… Pero pocas veces funciona así.
Como comentábamos en una publicación reciente:
El verdadero cambio empieza cuando dejas de estar cómodo/a.
Y es que, muchas veces, lo cómodo no es lo que nos hace bien, sino lo que conocemos.
Porque solemos repetir maneras de pensar, de reaccionar y de relacionarnos que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida y que, aunque las hayamos normalizado, puede que ya no nos estén haciendo bien. Por eso, cambiar implica cuestionar y revisar aquello que siempre hemos considerado “lo conocido y normal” y atrevernos a hacer las cosas de una manera diferente.
Y esa incomodidad también suele ser una señal de crecimiento y de que algo ya está empezando a cambiar, abriendo la puerta a nuevas formas de relacionarnos.
Después de todo lo que hemos hablado, puede que la pregunta ya no sea: «¿Por qué me cuesta tanto cambiar?»
Sino:
¿Qué necesito en la fase en la que me encuentro ahora mismo?
Y, si estás en pareja, quizá también haya otra pregunta importante que puedes hacerte:
¿En qué fase está la otra persona?
Porque entender en qué momento se encuentra cada uno puede ser el primer paso para salir de la frustración y empezar a mirar el problema desde otro lugar.
Si después de leer esta entrada sientes que hay conversaciones que se repiten constantemente en tu relación, que llevas tiempo intentando cambiar algo sin conseguir avanzar o que te cuesta entender qué está pasando, queremos que sepas que no tienes que hacerlo solo/a.
En sesión podemos trabajar juntos/as para entender en qué momento del proceso te encuentras, identificar los patrones que pueden estar dificultando el cambio y construir formas más seguras, amables y conscientes de relacionarte contigo mismo/a y con los demás.
Por último…
Este y otros muchos aspectos, suelen ser un tema de ayuda en psicología y que trabajamos con nuestros pacientes en consulta. Si al leer esto te has sentido identificado o te ha provocado alguna reflexión, puedes pedir ayuda a alguien de tu entorno. Y recuerda que tenemos agenda abierta para poder ayudarte desde la terapia sistémica.
Trabajamos con terapia individual, terapia familiar sistémica o terapia de pareja online. Te animamos a pedirnos información rellenando el formulario que encontrarás en esta página web o enviándonos un correo electrónico a info@comerseelcocopsicologia.com.
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