De Lunes a Jueves de 9h a 21h y Viernes de 9h a 18h  | info@comerseelcocopsicologia.com

Persona con ritmo de vida acelerado que busca recuperar el bienestar emocional

¿Por qué sentimos que nunca llegamos a todo?

Tiempo de lectura: 5 minutos

Si te suena de algo esto, quédate, y te ayudo a entender qué te está pasando y cómo recuperar tu bienestar emocional.

¿Te pasa que terminas el lunes y sientes que ya estás pensando en el viernes?

¿Que haces una cosa mientras piensas en las tres siguientes?

¿Que incluso cuando descansas tienes la sensación de que deberías estar aprovechando mejor el tiempo?

Vivimos rápido. Muy rápido. Tan rápido que a veces parece que estamos viviendo la vida en velocidad x2.

Entre el trabajo, las responsabilidades, las notificaciones, las expectativas y la sensación constante de que deberíamos llegar a todo, no es extraño que cada vez más personas convivan con la ansiedad y el ritmo acelerado como si fueran algo normal.

Pero, ¿qué ocurre cuando vivir deprisa deja de ser una elección consciente y se convierte en nuestra forma habitual de funcionar?

Si te suena de algo esto, quédate, y te ayudo a entender qué te está pasando y cómo recuperar tu bienestar emocional.

 

¿Por qué siento que mi vida va demasiado rápido?

Muchas personas llegan a consulta diciendo algo parecido a esto:

«No sé qué me pasa, pero siento que no paro y aun así tengo la sensación de no llegar a nada.»

Y es que la sensación de que la vida va demasiado rápido no siempre tiene que ver con tener demasiadas cosas que hacer. A veces tiene más que ver con cómo vivimos esas cosas.

Queremos ser buenos profesionales, cuidar nuestras relaciones, tener tiempo para nosotros, hacer deporte, descansar, estar disponibles para los demás y, además, hacerlo todo bien.

La exigencia y las expectativas altas sobre muchos aspectos de la vida acaban generando la sensación de que siempre hay algo pendiente y de que nunca es suficiente.

Desde la terapia sistémica, entendemos que el malestar no aparece solo por una tarea concreta o por un momento puntual, sino por la suma de pequeños factores, exigencias y dinámicas que se mantienen en el tiempo.

Y cuando todo nuestro entorno se mueve rápido, bajar el ritmo puede incluso hacernos sentir culpables.

 

¿Cómo puedo reconectar con el presente?

Reconectar con el presente parece una idea sencilla. Lo escuchamos constantemente:

«Vive el momento».

«Disfruta del aquí y ahora».

Pero, si fuera tan fácil, probablemente no nos costaría tanto.

Vivimos en una sociedad que nos invita a estar siempre un paso por delante. Pensamos en lo que tenemos que hacer después, en lo que no hemos hecho todavía o en lo que podría pasar mañana. Y poco a poco, dejamos de estar el presente sin darnos cuenta.

Y lo curioso es que muchas veces no somos conscientes de ello hasta que alguien nos pregunta: «¿Cómo estás?». Entonces respondemos casi de forma automática: «Bien, tirando.» Pero, si nos detenemos unos segundos más, quizá descubrimos que hace tiempo que no nos hacíamos esa pregunta de verdad.

Reconectar con el presente no consiste en obligarnos a estar felices ni en dejar la mente en blanco. Tampoco significa dejar de pensar en el futuro o ignorar los problemas. Tiene más que ver con:

  • Volver a escucharnos.
  • Notar cómo está nuestro cuerpo antes de que aparezca el agotamiento.
  • Identificar qué emoción estamos sintiendo en lugar de pasar por encima de ella.
  • Permitirnos hacer una sola cosa cada vez, sin la sensación de que estamos perdiendo el tiempo.

Porque cuando vivimos permanentemente anticipando lo siguiente, dejamos de experimentar lo que está ocurriendo ahora.

Reconectar con el presente no requiere grandes cambios. A veces empieza con prestar atención a los pequeños momentos dentro de tu rutina: saborear el café de la mañana, escuchar de verdad a quien tenemos delante, caminar sin mirar el móvil o preguntarnos varias veces al día: «¿Qué necesito en este momento?»

Estas acciones no solucionan todos nuestros problemas,  pero sí nos ayudan a salir, aunque sea por unos instantes, de ese piloto automático que muchas veces dirige nuestra vida.

 

¿Qué consecuencias tiene vivir en piloto automático?

El piloto automático tiene una ventaja: nos permite hacer muchas cosas sin pensar demasiado. El problema aparece cuando dejamos de salir de él.

Cuando vivimos desde la exigencia y el piloto automático dejamos de preguntarnos cómo estamos o si el ritmo que llevamos es sostenible para nosotros.

Simplemente seguimos, tratamos de cumplir y llegar a todo lo que podemos. Y repetimos una y otra vez sin ser muy conscientes de lo que nos está conllevando esa dinámica.

Muchas personas describen la sensación de que los días se parecen demasiado entre sí o de que los meses pasan sin darse cuenta. Otras sienten que han conseguido cosas importantes pero no han podido disfrutarlas porque ya estaban pensando en la siguiente meta.

La combinación entre exigencia y piloto automático suele venir acompañada de más ansiedad, más frustración, más cansancio y menos sensación de disfrute. Entonces, el cuerpo es el termina pidiendo la pausa que nosotros no nos permitimos.

¿Te suena?

 

¿Cómo dejar de exigirme tanto?

Esta es de las preguntas más difíciles, porque la exigencia probablemente te ha ayudado a conseguir cosas que te importan. El problema no es querer hacer las cosas bien. El problema aparece cuando hacerlo bien nunca es del todo satisfactorio para ti.

Puede ayudar pararte a preguntarte:

  • ¿Esta exigencia es realmente mía, o es lo que creo que «debería» hacer?
  • ¿Me permitiría a mí misma el error que le aceptaría a otra persona?
  • ¿Qué pasaría si no llegara a todo?
  • ¿Quién me enseñó que descansar era perder el tiempo?

Hacer más no siempre es la solución. Puedes empezar a preguntarte desde dónde lo estás haciendo. ¿Desde el miedo a no llegar? ¿Desde la culpa? ¿O desde lo que realmente necesitas en este momento?

 

¿Qué hábitos ayudan a cuidar tu bienestar emocional?

No hay fórmula mágica para desacelerar, y probablemente tampoco se trate de pasar de vivir al x2 a vivir al 0,5. Se trata más bien de encontrar un ritmo que puedas sostener sin que te pase factura.

Algunos hábitos que suelen ayudar:

  • Dejar ratitos del día sin pantallas ni estímulos constantes.
  • Priorizar de verdad, aceptando que no todo puede ser urgente.
  • Meter pausas entre una actividad y la siguiente.
  • Recuperar cosas que haces solo porque te gustan, sin más motivo.
  • Aprender a poner límites, aunque incomode al principio.
  • Tratar el descanso como una necesidad, no como un premio que hay que ganarse.

Aprender a desacelerar y priorizar tu bienestar no pasa en un día. Es más un ejercicio continuo de volver a preguntarte qué necesitas y cómo quieres vivir.

Puede que no logremos eliminar todas las prisas. Pero sí podemos empezar a cuestionar la idea de que vivir rápido es vivir mejor. Ir deprisa no siempre es avanzar. Y, a veces, justo cuando bajamos un poco el ritmo, es cuando volvemos a conectar con las personas y con nosotras mismas.

Así que quizá la pregunta no sea cómo hacer más cosas en menos tiempo. Quizá la pregunta sea:

¿A qué velocidad quiero vivir mi vida?

Por último…

Este y otros muchos aspectos, suelen ser un tema de ayuda en psicología y que trabajamos con nuestros pacientes en consulta. Si al leer esto te has sentido identificado o te ha provocado alguna reflexión, puedes pedir ayuda a alguien de tu entorno. Y recuerda que tenemos agenda abierta para poder ayudarte desde la terapia sistémica.

Trabajamos con terapia individual, terapia familiar sistémica o terapia de pareja online. Te animamos a pedirnos información rellenando el formulario que encontrarás en esta página web o enviándonos un correo electrónico a info@comerseelcocopsicologia.com.

Si te ha gustado este post, tenemos disponible la versión reducida en nuestro Instagram, por si quieres compartirlo con alguien que creas que le puede venir bien. Además, compartimos contenido sobre otros temas de salud mental. Si te apetece echarle un vistazo, nos encontrarás en https://www.instagram.com/comerseelcoco_/

También puede interesarte...

Ansiedad anticipatoria: cómo dejar de anticiparte a lo peor

Mientras tú te preocupas

Tiempo de lectura: 5 minutosA veces estamos viviendo un momento que, objetivamente, está bien, pero nuestra cabeza ya está en otro lugar. Pensando en lo que puede pasar mañana.

Leer más »
Respeta tu, propio ritmo

Respeta tu propio ritmo

Tiempo de lectura: 4 minutosHay una sensación que se repite más de lo que parece: mirar alrededor y pensar que todo el mundo avanza menos tú, como si no

Leer más »

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cookies necesarias

Las cookies necesarias tienen que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Esta web utiliza Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.